Paisajeando con los santos y las ánimas otomíes Paisajes cosmogónicos

Landscape with the Otomi saints and souls Landscape Cosmogonic

 

Luis Enrique Ferro Vidal

Dr. en Ciencias Antropológicas, Universidad de Guanajuato, https://orcid.org/0000-0003-15085652, temas de investigación: Memoria, Religión, Identidad, Grupo Otomíe y Ezá´r (Chichimeca Jonaz) Correo electrónico: chanizferro@gmail.com y luis.ferro@ugto.mx

 

Resumen

El paisaje que conforma un territorio proyecta elementos y condiciones del entorno natural y del paso del tiempo porque culmina en una concepción humana que aprovecha, vive, transforma y piensa el lugar en el que se desenvuelve; de ahí que el paisaje sea para los seres humanos una experiencia vivencial. Lo vivido es conocer cómo el ser humano sabe de su hacer cultural para transmutar un espacio físico en uno discursivo óptimo, espacio para concretar sus expresiones culturales y de existencia. En este artículo se aborda la concepción del paisaje otomí que tiene relación con una expresión cultural, la presencia de pequeñas construcciones, las capillas-oratorio de indios de Sombrerete en el municipio de Cadereyta, Querétaro. Y como la población otomí configura un paisaje sagrado que oscila desde lo material, a lo cosmogónico en relación con los santos y a sus antepasados que se veneran en dichas capillas.

Palabras Clave: Paisaje cultural, capillas de indios, cosmovisión, ánimas-santos, otomíes.

 

Abstract

The landscape that makes up a territory projects elements and conditions of the natural environment and the passage of time because it culminates in a human conception that takes advantage of, lives, transforms and thinks about the place in which it operates; hence the landscape is for human beings an experiential experience. What has been lived is to know how the human being knows about his cultural doing to transmute a physical space into an optimal discursive one, a space to concretize his cultural expressions and existence. This article deals with the conception of the Otomi landscape that is related to a cultural expression, the presence of small buildings, the chapels-oratory of the Sombrerete Indians in the municipality of Cadereyta, Querétaro. And how the Otomi population configures a sacred landscape that ranges from the material to the cosmogonic in relation to the saints and their ancestors who are venerated in these chapels.

Keywords: Cultural landscape, Indian Chapels, Worldview, souls-saints, Otomi.

 

Introducción

Cuando hablamos de paisaje, un común denominador que resuena en nuestras mentes es imaginar un espacio físico con ciertas características que muestran entornos y espacios geográficos o naturales específicos. Puede acontecer que al evocar la palabra “paisaje” nos recuerde imágenes de pinturas que se insertan en la corriente artística llamada paisajista o en los calendarios con ilustraciones y paisajes que regalan algunas tiendas y se convierten en escenarios para decorar las cocinas de los hogares mexicanos. Otra dimensión del paisaje es aquella que recorre las redes sociodigitales cuando una persona quiere compartir la fotografía o estampa en un lugar que le pareció agradable o bello. Es así como en la vida diaria, participamos de paisajes que siempre son pensados y representados siendo parte de un ambiente natural. En cierto sentido, esta idea es cierta, ya que el paisaje en principio, de origen natural se define en una geografía específica y se presenta para ser observado como un horizonte quebrantado, que tiene rupturas físicas y marcas naturales que se presentan a la vista por relieves, montañas, volcanes, lagos, campos de cultivo… atardeceres; así como la presencia de fauna, vegetación, etc. Esto nos demuestra que el paisaje es más que un medio físico que está en un lugar del mundo, ya que también representa para la humanidad una estética que se hace sensible ante el ojo del observador y le produce un sentimiento de asombro buscando rememorar el lugar; recordar un espacio porque el paisaje se engarza a nuestra memoria porque se vuelve una escena que recrea nuestro acontecer y nuestra vivencia, convirtiéndose así, en una experiencia que fluye por el tiempo en el horizonte, que es al final un firmamento en el que humanidad y naturaleza se entrecruzan para coexistir. Pero ¿qué es lo que motiva en un momento dado al viajero a plasmar esa imagen? ¿qué motiva al pintor a seleccionar un fragmento para generar una representación de ese paisaje en un lienzo? Tal vez la respuesta a estas preguntas, es que el paisaje considerado como un horizonte, que enseña un firmamento, es un elemento que acompaña a la humanidad en todos los momentos de su existencia, ya que forma parte del espacio, del espectro visual y brinda emociones a los seres humanos porque: Desde un punto de vista subjetivo, un paisaje no solamente se ve y se contempla, sino que se siente, se asimila con todos los sentidos y penetra en nuestro cuerpo y nuestra mente produciendo ricos y variados sentimientos. (Álvarez, 2011:59). Que se evocan a través de las estéticas proyectadas por lo que el paisaje es el entorno que lleva a producir emociones y sentimientos para convertirse en una experiencia vivencial.

Sin lugar a duda todo paisaje comienza en la naturaleza que conforma un territorio y se engrandece su ser porque culminación de la concepción humana que lo aprovecha, vive, transforma y piensa su desenvolvimiento en él. De ahí que, el paisaje en el que se desenvuelve, sea una experiencia vivencial, ya que, el ser humano no solo es cabeza, pies, manos, cabellos, ombligo, etc., también es un pensamiento que tuvo que adaptarse al medio ambiente e interactuar con él, aún en condiciones adversas. Con sus andanzas aprendió a transformar la naturaleza, comprenderse como parte de ella y pensarse como sujeto en una construcción virtual para transmutar el territorio en un paisaje debido a que: … un <<hábitad humano ideal>> será aquel espacio vital que proporcione al hombre un equilibrio entre las actividades dedicadas al trabajo que conllevan esfuerzo y desgaste, y las de descanso que implican relajación, recuperación energías y crecimiento personal. (Álvarez, 2011:59). Por lo que, el paisaje es la acción de los patrones culturales con la influencia de la visión del mundo que acompaña a la definición de espacio en la que se vive y se recrea el contexto de esa vida cultural.

El hombre, al establecerse en un sitio empezó a formar parte de un territorio ya que: El territorio es el espacio geográfico adscrito a un ser, a una comunidad, a un ente de cualquier naturaleza, física e inmaterial: el espacio de vida de un animal, el ámbito de difusión de una lengua o de cualquier otra práctica social... (Zoido, 1998:19). En este pedazo de tierra, el ser humano en su práctica social cumple el papel de ejecutante y actuante, que se transgrede asimismo para conocer su otredad es decir, este acto le permite definir su pertenencia y su diferencia. Es así que significante y significado se articulan en el ser de ese punto geométrico para encontrar una realidad que sustente su imaginario social que surge de una memoria colectiva compartida con sus semejantes; esto imprime al territorio la cualidad de no ser solamente un pedazo de tierra inerte, sino que el grupo humano le otorga un sentido, una forma y una articulación para transformar un terreno dirigido:

“...al dominio de un ordenamiento simbólico que orienta las relaciones entre actores sociales y cohesiona los lugares-posiciones, territorios desde los que dichos actores luchan a través de prácticas concretas que generalmente se traducen en actos de institución por imponer un tiempo y espacios específicos con cierta visión de la realidad.” (Cervantes 1998:186). Y así el territorio se transforma en paisaje.

En síntesis el paisaje es el vergel físico, el lugar que permite a los seres interactuar con un medio ambiente óptimo, y les permite vivir su desarrollo y devenir, transformar la naturaleza y dirigir su evolución o extinción a través de todas las implicaciones del tiempo universal.

El ser humano como parte de la naturaleza y como ente social, ha adaptado el espacio, convirtiéndolo en un lugar más acogedor y en su devenir en él se recrea, lo que hace que:

“Las sociedades tradicionales se... [encuentren] asociadas a una historia de larga duración. De generación en generación, el tiempo de vida en tales sociedades se proyecta sobre un espacio único, de dimensiones reducidas, a la escala del contacto biológico entre el hombre y el entorno, medido este en distancias de alcance visual, de camino, de trabajo, de relación. Este espacio es funcionalmente un espacio global; su papel es asegurar la vida material porque es alimentario, el cual proporciona los materiales utilizados para la construcción de la habitación y la fabricación del equipo alimentario.”1

En este sentido, el territorio también es el lugar donde se dinamizan las prácticas humanas, ello hace que el área exprese las cualidades biopsíquicosociales de los individuos y su interacción con los medios naturales. A esta dinámica humana en su contexto espacial le llamaré Paisaje, porque es ahí donde se expresa en cualquier aspecto vivido del hombre, a través de la cultura, la historia, la política, la familia, entre otros sin dejar al margen su relación con el medio ambiente, siendo el paisaje en última instancia un ente dinámico compartido.

La identidad y el patrimonio de los pueblos y sociedades conforman el paisaje que necesariamente es un conocimiento y concepción del territorio que es transmitido de una generación a otra, en la que se enseña a los hijos y se ejecuta por todos los miembros reconociendo y señalando un origen común, estableciendo un lugar donde el saber público y privado se reproducen. Igualmente se conservan aún en la modernidad los elementos culturales que reafirman sus cualidades y reflejan la herencia social y su articulación simbólica, que sustenta al ser humano como parte de un mundo. Es así que este estudio, se realizó siguiendo una metodología de trabajo de campo etnográfico, análisis de los datos y una revisión bibliográfica para interpretar un paisaje vivificado, que adquiere sentido y transforma las barreras del tiempo y el espacio de una microregión otomí del estado de Querétaro. Es él se plantea reflexionar acerca de consumar un encuentro con la comunidad por medio de los bienes materiales, estéticos, así como de memorias para dar sentido a un paisaje sagrado que vincula a una comunidad otomí con sus santos y antepasados.

Del oratorio al templo

Suele llamarse a las capillas como oratorios de indio, lo cual, desde mi punto de vista no es del todo acertado. Si bien es cierto que nunca es tarde para hacer una capilla a una imagen familiar en la cual se consume un espacio para darle culto, no implica la construcción de un espacio de oración familiar, cualquiera que desee ir a ver la imagen para rezarle y pedirle una ayuda puede hacerlo, por lo tanto la imagen es particular y es extensiva a la comunidad. El diccionario Larousse nos dice que oratorio es el: Lugar destinado a la oración// capilla privada. (Larousse,1995). Acerca de la palabra capilla señala que es parte de una iglesia que tiene altar. El término más adecuado para el objeto que interesa en esta parte sería el de capilla porque si bien es un espacio perteneciente a una familia, lo cual terminológicamente hablando la hace ser privada, sin embargo su uso llega a lo colectivo.

En otras circunstancias el verdadero oratorio es el altar de las casas que es un espacio privado e íntimo; además tenemos que la capilla no es exclusivamente para orar, incluye deberes a la imagen principal como es realizarle cada año una fiesta en su día por parte de la familia, y a esta celebración asisten personas de la micro región para rendirle el festejo tradicional, lo que no sucede con las imágenes de los oratorios del hogar. El uso privado se extiende a los fueros colectivos haciendo de la imagen un asunto colectivo en su contenido y a la familia los custodios de la imagen en su forma, ello se observa en la dinámica del cambio de una capilla familiar a comunal como es el caso de la capilla de la Laja o de Membrillo, donde los que fueron dueños de la capilla siguen como custodios.

Para ampliar el análisis, si consideramos que la palabra templo proviene del ...latín templum, <<espacio reservado>>, lugar santificado que evoca los cuatro puntos cardinales y el centro del mundo... (Julien 1999:363), sumando a su vez que: Las estructuras arquitectónicas poseen significados simbólicos generales; las del templo los concretan y sobredeterminan. En general, prevalece el sentido de centro místico, identificado a la cima de la montaña (foco del cruce de los dos mundos: cielo y tierra) representada por el altar. (Cirlot 1998:434) entonces la capilla es el templo indígena por excelencia. La separación de una imagen del seno del hogar o construida para una imagen aparecida y la festividad que se le realiza, son elementos que contribuyen con nuevos bríos al acontecer de este espacio como un templo indígena.

En el sentido material, tenemos que el espacio de la capilla es santificado por una imagen que se eleva del piso terrestre por medio de un altar escalonado, en el aspecto ritual el censo marca el centro del mundo y la imagen como la fiesta instaura un tiempo y un espacio que se disocia de lo profano. Podemos entender que ese día la capilla es centro porque confluyen al festejo de la familia personas de todas las comunidades de la micro región o por lo menos los vecinos y habitantes del lugar. En un segundo plano, la organización y los rituales son totalmente indígenas, no hay intervención eclesiástica del clero, suele haber misa en algunas cuando se invita al párroco, si no va el cura, la festividad y la organización no se ve afectada.

Las fiestas de las capillas imprimen un tono diferente a un simple oratorio y lo liga a las consonancias del mismo templo de la región que organiza una fiesta a su Santa Patrona. La familia le hace su fiesta a la patrona familiar, sirve para orar, para pedir un milagro y con el milagro las personas agradecen el favor con un milagrito (figura pequeña de metal) igual que se hace en el templo. Su cualidad como “templo étnico” se haya determinada en lo más recónditos de estos recintos, en unas imágenes que retoman una identidad propia que se aleja un poco de la influencia de la iconografía católica hegemónica y toma tintes culturales patentizando una historia particular, la otra historia, la de un origen familiar referida en la pinturas de las animitas.

 

El paisaje de las capillas

Después de la conquista y durante el periodo colonial surgió una expresión religiosa que se observa por varios lugares del país y se unifican como semillas sacras en forma de pequeñas iglesias de bóveda, y como tal, eran los sitios de la fe católica de aquel tiempo que servían como un espacio de doctrina evangelizadora que buscaba fervientemente dotar de alma a los indígenas de estas regiones.

Con la llegada de los españoles, las ideas y prácticas de la evangelización, se concretaron en la construcción de capillas que se convirtieron en la expresión de los crisoles herméticos que articularon símbolos y sincretismos religiosos organizados en una matiz de múltiples texturas, sentidos, ritos y ceremonias, porque: ...cuando las circunstancias históricas y las etapas de evolución de un pueblo exigen severas purificaciones de los símbolos utilizados en sus cultos, estos siguen siendo, no obstante, uno de sus elementos inalienables. (Champeux 1989:140). Además ello provocó el surgimiento de un nuevo pensamiento religioso y nuevas prácticas que permitieron a estos grupos indígenas seguir en contacto con el significado de su universo, entremezclando este pensamiento dentro de un marco cristiano-prehispánico que no se opone por existir:

... un humus profundo al que aspiran creyentes y no creyentes, pensadores y responsables, sin que quizás logren darle el mismo nombre. En el momento dramático de la acción, importan más las cosas que los nombres, y no siempre vale la pena ser una quaestio de nomine cuando trata de defender y promover los valores esenciales para la humanidad.”2

Así los símbolos sagrados prehispánicos se transfiguraron sin perder el sentido, colocándose en una balanza ambos pensamientos que otorgan a este sincrético pensamiento religioso, un equilibrio constante y sonante que se expresaba en las celebraciones y rituales acontecidos en las capillas. Es pues, gracias a las ermitas donde la imagen se hace materia y de la materia se hace imagen en la vida religiosa de este pueblo. Los adoratorios de indios y el pensamiento religioso construyeron un nuevo todo a través de una expresión de la unión del cuerpo y del alma que se encierra en lo que hoy en día se le conoce como capillas u oratorios de indios. Para demostrar todo lo hasta aquí escrito es cuestión de acercarnos y adentrarnos a una de estas capillas para admirar su frescura y su riqueza.

Muchas de estas capillas de indios tuvieron su nacimiento en forma de pequeñas iglesias construidas de piedra, de forma rectangular y con bóveda corrida de cañón, algunas de ellas finamente decoradas en el interior con pinturas al fresco con representaciones locales de iconografías religiosas. Otras de ellas muestran acabados y relieves de cantera en el exterior y unas más cuentan con campanario adosado a la portada de dos o tres cuerpos rectangulares. Las capillas de indios tienden a seguir el camino de muchos monumentos históricos, ya que todo tiene su periodo y su lugar, su momento en el tiempo y sus procesos materiales en la historia que dejan sus huellas en el espacio, por lo que muchas han sido abandonadas y las de buenos cimientos aún dejan observar el sitio que les dio sustento. En algunos lugares ñhä-ñhüs, del estado de Querétaro y Guanajuato, las capillas no han tenido mejor suerte, se han convertido en bodegas, habitación de recreación o alimentación para puercos y en ocasiones forman parte del decorado de las parcelas y corrales.

Los monumentos históricos como las capillas de indios, son construcciones que otorgan a la historia cultural de un pueblo que da identidad que reaviva en memoria de los pueblos porque:

“...es un objeto hecho por otros para nosotros, otros que, viviendo en el futuro anterior, se conferían una dimensión histórica, a saber, inscribían su historia individual en la historia de los otros. Por eso, en el objeto que nos han legado, como suele decirse, leemos una conciencia, así como sin duda quienes concibieron el monumento, sino ya sus constructores, intentaban inscribir una conciencia en él.”3

En la búsqueda antropológica de esta conciencia nos ubicamos en un espacio de memoria que da a un grupo sus cualidades íntimas, sus valores y pensamientos que los hacen ser y los hacen tener una manera de ser. La conciencia del ser siempre se expande, por ende, la conciencia del hacer se transmite y se hereda en vida. La materia cambia y el sentido permanece y se resignifica constantemente en los remanentes de la identidad, siendo en ocasiones enriquecidas por el subconsciente colectivo.

En la región de Sombrerete en el municipio de Cadereyta, en Querétaro, las Capillas de cañón o de bovedita como allá les nombran ,solamente queda una en la localidad del Soyatal y otra en El Membrillo. De ahí en más, la estructura material de las capillas de indios varia en su morfología. La conciencia heredada se mantiene y la bóveda de cañón cambia por construcciones de piedra encalada de forma cuadrangular y techo de dos aguas de soyate (palma entretejida), que a su vez se ha sustituido por techo de lámina galvanizada. En determinadas capillas, el techo de dos aguas se ha remplazado por un techo plano. Solamente en esta región ñöhñö existen pocas capillas con las características tradicionales, es decir con techo de soyate, entre estas destaca la de la localidad de La Laja, cercana a los bancos de mármol, y otra en la parte conocida como Cuesta Blanca (Tashänganí). Este tipo de capillas de dos aguas y de techo plano de soyate son las que más abundan en los solares. A las capillas se les brinda un nombre que varía según el lugar, porque en El Soyatal como en otras partes de Querétaro se les nombra según ...el apellido de la familia, que puede ser... apellido del fundador... (Utrilla, Meade, Banda y Prieto 11:1999 ) como es el caso de la capilla de los Romeros en El Soyatal. Pueden adquirir su nombre por su ubicación territorial como la capilla de El Durazno, por encontrarse en esa ranchería o la capilla de Cuesta Blanca y las capillas comunitarias reciben el nombre de la comunidad, por ejemplo: La capilla de El Membrillo.

El interior de cada capilla es variable, algunas tienen el piso de tierra, otras de cemento, las hay con piso de adoquín, pueden tener sus paredes encaladas o pintadas de blanco y otras sin pintar. Todos los adoratorios tienen como mobiliario unos tablones levantados del piso por tabicones y ubicados a los costados que sirven como bancos para los asistentes. Otro elemento para destacar de su fisonomía, es que dichas capillas tienen pequeños tragaluces al costado. El altar por lo general fue construido de piedra y cemento de manera escalonada, en ocasiones se encuentran cubiertos por telas o manteles y el altar puede ser complementado en la parte inferior, con una mesa con mantel fungiendo como un escalón más, tal es el caso de la capilla de la localidad de La Laja. En otras capillas sobresalen en el centro del escalón más alto de la pared un nicho semiovalado.

En cuanto a la distribución de las hierofanías, tenemos que en el escalón superior se ubica el Santo Patrono o Santa Patrona que suelen ser imágenes pintadas sobre lámina o piedra que generalmente son representaciones de Vírgenes, custodiadas en un relicario de madera o lámina; también estos Santos Patrones pueden ser imágenes de bulto que representan a Cristo o al Santo Niño de Atocha. También, los Cristos tienen como característica especial dos varas que van de los pies a las manos de Cristo formando una “V”. Si vemos el altar de frente, suele estar a su izquierda, en el mismo escalón y fuera del nicho de la imagen principal las animitas, que representan a los familiares muertos. Las capillas que cuenten con imágenes de la Virgen de Guadalupe, Santa patrona de estas tierras comunales, la colocan por lo general al lado derecho de la imagen principal. En esa misma altura se pueden encontrar representaciones de santos a los cuales la familia tiene cierta devoción y cariño. Uno de los elementos que pueden acompañar al altar son cruces de madera que se colocan junto a esta; la forma de las cruces semeja a un trinche Ψ y en la capilla de La Laja de tres cruces, una tiene la característica antes señalada. En una de ellas, la imagen es cuidada por unos bueyes de cerámica como la capilla de El Banco. Las imágenes de santos de menor devoción y no de menos cariño, forman un ejército divino de menor jerarquía y se les coloca en el peldaño inferior, lugar en el cual se acompañan de veladoras, adornos florales de plástico esparcidos en el área y/o floreros con flores naturales; ahí se suelen poner pequeñas cruces de madera. En las capillas donde aún se celebran misas, cuentan con una mesa que integra un tercer escalón en la estructura del altar que es utilizada para colocar veladoras, y durante la homilía este escalón improvisado se convierte en el altar del cura.

El suelo de estas capillas no exime de valor, al contrario, se ve fortificado, complementado como parte intrínseca del decorado del altar, pues ahí en la parte central, debajo de las imágenes se coloca el sahumerio de la esposa del encargado de la familia que durante la mañana o la tarde censa las imágenes. El sahumerio no se encuentra solo, es acompañado con veladoras y tiene a su lado dos floreros. El suelo como espacio de la capilla sirve y participa en algunas festividades religiosas, por ser ahí el lugar en donde durante todo el mes de noviembre descansan, encuentran luz y comen los difuntos de lo que se les ha colocado en los altares que se les ha ofrecido en su nombre. Mientras que, en las fiestas decembrinas, este espacio se convierte en una nueva Jerusalén porque se hacen pequeños nacimientos con heno, figurillas de plástico, de barro o yeso y se despide la dulzura del niño Dios que se demuestra físicamente por medio de ofrendas integradas con galletas de animalitos, colaciones y dulces a su alrededor. En algunas capillas, las acompañan con un árbol de navidad adornado con esferas y escarcha. Con todo esto se puede decir que el altar rompe su construcción escalonada y se extiende por el nivel inferior que lo rodea.

 

De lo particular a lo general en un espacio de culto

En relación con el espacio las capillas de indios suelen encontrarse en los solares de los hogares o muy cercanas a ellas, por el uso y pertenencia de ese espacio, así como la relación con las imágenes pueden ser catalogadas de tres tipos: particulares, comunales y compartidas. Las primeras, las particulares porque son de una familia, y las segundas son las comunales que son utilizadas como espacio ritual de manera comunitaria. Estás últimas son, capillas que pertenecieron a una familia, pero con la llegada o regalos de imágenes para los habitantes de la comunidad, rompen con el esquema familiar y se reorienta su uso de manera comunal y extendida. Entre ellas se localiza una categoría que llamaré compartida.

Por capilla particular o familiar se entiende aquel espacio separado de la casa-habitación en el cual se le rinde culto a una imagen que es custodiada por una familia nuclear y en la organización de la fiesta en honor de la imagen suele participar la familia extensa con el cuidador de la capilla, quienes, suelen ser los hermanos con sus respectivas esposas. La capilla se hereda de generación en generación al mayor de los hijos de la familia, por lo que la regla es patrilineal, quien comienza a adquirir desde temprana edad el conocimiento de todo lo concerniente a los ritos y fiestas a organizarse en dicho lugar. De este tipo son las capillas del la Virgen de los Dolores y Jesús que se ubicadas en El Soyatal; y una ermita que le llaman los habitantes como la capilla del Banco por estar cerca de uno de los bancos de mármol, aunque un integrante de la familia ya falleció le renombró con el nombre de La Loma de la Cruz.

La organización familiar de las capillas de indios particulares suele replicar la organización de los cargueros, ya que el título del cuidador de la capilla es el de Mayor por ser el hijo mayor y quien se encarga de coordinar a la familia extensa de los preparativos para festejar al Santo familiar o para determinar que se necesita para mejorarla o arreglar la capilla. Entre los hermanos y los hijos casados se dividen los gastos necesarios para la adquisición de elementos rituales como son los cohetones, los músicos, los rezanderos que pertenecen a la subdelegación; los adornos, los toritos y juegos pirotécnicos. Además entre todos cooperan con la comida que deben dar a los asistentes y que pueden ser: pollo, caldo de borrego, arroz, frijoles y nopales. Estos alimentos son elaborados por las mujeres. Las fiestas se realizan el día del onomástico de la imagen y comienza un día antes con una velación en la que se reza un rosario, hay música y se cantan alabanzas durante toda la noche. Al amanecer, se hace el alba con cohetones, la mujer censa la imagen en compañía de su esposo y sus hijos. En ciertas capillas se contrata al párroco de Vizarrón para que de una misa al medio día o por la tarde. Las imágenes siempre han pertenecido a la familia. Un ejemplo de ello es la fiesta que se brinda a un Cristo de Zimapán que se festeja el Sábado de Gloria. Todo comienza en la tarde del Viernes Santo cuando el Mayor baja del altar el Cristo. Su esposa durante este proceso censa y es acompañada por los floreros que en este caso son personas que traen una manda. El Cristo es acomodado en el suelo, le colocan veladoras y comienza la velación de la imagen que es acompañada por un niño de la familia o un pariente que va vestido de ángel y el sahumador no se deja apagar. Durante la noche se entonan alabanzas y música. En la madrugada se hace la salva (el alba) y a medio día el Cristo regresa a su lugar ya que, Cristo regresa a la Gloria y se sienta a la derecha de Dios Padre.

 

La capilla comunal

La capilla comunal tiene su nacimiento en una de las tantas capillas particulares. Un oratorio de indios cambia su título de pertenencia, es decir de lo familiar a lo comunal por las imágenes que ahí se veneran ya que estás son regaladas o compradas extendiendo la devoción, por lo tanto, estas construcciones no pueden ser heredadas y su cuidado recae en los integrantes de la comunidad y no en una familia; como ejemplo hay tres casos, uno de ellos ha sido causa del párroco que vendió a la comunidad un póster de la Virgen de Guadalupe y les dejó el encargo de cuidarla. La imagen no se podía dejar en cualquier lugar por lo que se destinó a una capilla. El segundo caso se presentó en la comunidad de la Laja, donde en una de las capillas, dedicada a la Virgen de los Dolores recibió como regalo un Niño Dios por parte de una señora para la comunidad originando con esto que una capilla familiar se hiciera comunal. Con la presencia de santos comunales cambia la organización social ya que se le festeja a esta imagen su fiesta el Viernes de Dolores por medio de un comité de fiestas. La familia que era dueña de la capilla se encarga a partir de entonces del cuidado y al tanto de la misma, de censar la imagen por las mañanas y por la tarde, pero ya no de organizar la fiesta. Esto es similar en la comunidad de El Membrillo, donde la imagen vendida por el párroco fue una de las causas, además de que la fiesta grande es la de navidad porque la Santa patrona es una Virgen de Guadalupe que es festejada en su día en Sombrerete. Otra característica que la hace comunal es que la festividad es organizada por un comité de fiestas.

En las cercanías de Sombrerete, en un lugar conocido como El Durazno sucedió una cuestión de interés. Doña Chole contrajo matrimonio con un hombre de una familia que tenía una capilla particular y se fue a vivir a casa de esta familia. El esposo salió de la comunidad y la abandonó: Sus suegros le dijeron que se quedara con ellos y quienes, al morir, Doña Chole, se quedó con suegros y ella se quedó con la casa y a cargo de la capilla. Era mucha la responsabilidad para ella sola, así que habló con los familiares de su esposo y les comunicó que la fiesta no la realizaría más. Ante esto los vecinos se organizaron siguiendo la dinámica de los cargueros, y formaron una cuadrilla de miembros que cambian cada tres años. El cuidado de la capilla y la responsable de la imagen corrió a cargo de Doña Chole. Por las características de este asunto particular, en la que no intervienene la familia directamente no es totalmente particular. Cabe resaltar fue la conformación de una organización en los que participan parte de la población y tampoco de una comunidad solo se suman los vecinos, por lo tanto estamos hablando de una capilla compartida que es de tipo semibarrial o semicomunal.

Observando estas características tenemos que el espacio sagrado de las capillas de indios puede ser tan estrecho como la familia y tan amplia como una parte de la población o a la comunidad. Estos espacios familiares dan origen a los cargueros. El espacio familiar se refleja de manera paralela en la organización religiosa de la capilla.

El aspecto demográfico también influye en las rupturas de la región comunal y fragmenta a las comunidades sin dañar la unidad de sus habitantes, con esto las divisiones construyen una independencia en el espacio festivo del espacio central que respalda la territorialidad de la comunidad. Al final de cuentas el referente cultural, que se enseña en la casa y se vive en colectividad siempre sale vencedor manifestándose en las entrañas de los espacios de culto como sucede con las capillas de indios.

 

El espacio de la memoria

Cuando uno camina por los caminos y veredas de las comunidades de Sombrerete es difícil percatarse de la existencia de estos templos indígenas porque tienen las mismas características de una casa normal. La construcción de estos espacios sagrados sigue una lógica formal de la cultura ñhö-ñhö. Nada se deja al azar, el reflejo del hogar se manifiesta en la estructura arquitectónica de la capilla y sigue sus transformaciones porque cuando las casas se hacían con techos de soyate y pared de piedra las capillas así eran. Con el uso de la lámina galvanizada las casas comenzaron a ser de techos planos y el tabique o tabicón se convirtieron en paredes lo mismo sucedió con las capillas. Los cambios de los materiales de construcción se deben también al arreglar los deterioros que se van presentando, por ejemplo, los techos de soyate cambiaron por la lámina porque ya tiene tiempo que la palma ha escaseado.

La arquitectura de las capillas nos abre camino en los escollos de su análisis y nos brinda otra significación del espacio de culto y del hogar. Ante todo, son monumentos que se instauran por una herencia social y por lo tanto son historia, la familia en sus capillas reencuentra su historia familiar, la herencia de una tradición que ... (Balandier,1994: 32) Y menos la familia porque con las capillas la conciencia se extiende y forja un pilar que lo coloca con el cielo otomí.

Los techos de soyate eran concebidos como la cobija del cielo, por lo tanto, el cielo se abre como un recinto consagrado al recuerdo de los antepasados porque es la casa donde moran las ánimas de los familiares dibujados en llamas debajo de un Cristo crucificado con símbolos católicos como los dados, la columna, el dinero, la escalera, etc. representados en cruces de ánimas o cuadros de ánimas. Lo más importante en lo que figura los brazos de la cruz encontramos un sol y una luna en cada extremo. El piso es la tierra de los mortales, ahí se ofrenda, ahí todos pueden pasar para pedir parabienes y admirar a las huestes celestes que se elevan de la tierra en el altar mostrando sus jerarquías, en lo más alto la imagen del lugar en compañía de las ánimas que el día de todos los santos el cura santifica lanzándoles agua bendita, aun así viven en el purgatorio y día a día como a las imágenes, se les censa en la mañana y en la tarde, se les enciende una veladora para que tengan luz, de tal forma los vivos interceden por los muertos, se le pide protección a la imagen de la familia. Tanto santos como ánimas se enojan si no se les cuida porque es olvido. Se rompe el pacto con el pasado, con el origen del linaje que les otorgo la vida. A ellos se les debe respeto y recuerdo constante, en pocas palabras una continuidad de pertenencia porque existe una ...relación con los ancestros manifiesta por los medios del simbolismo la necesaria sumisión a las relaciones sociales y justifica, en el lenguaje de lo sagrado, esta aceptación del orden establecido. (Balandier 1997:36) Esta sumisión hace que se les quiera y se les eleve al cielo, todos quieren que se encuentren ahí, no importa si fue malo o bueno en vida, por ser de la familia se le brinda este honor.

Desde el cielo las animitas recuperan su lugar en las ramas de la genealogía difunta porque debajo de cada imagen está el nombre de cada cual y al morir poco a poco los miembros nucleares se van reincorporando en un Sombrerete áureo. La familia se dibuja de la siguiente manera: padre, madre, hijos. El purgatorio se ensancha con la extensión de la familia, sigue el hijo mayor y su familia, continuando la sucesión descendente de las ramas doradas. Todos los familiares descubren con conocimiento de causa que ocuparán un lugar ahí, en la genealogía sagrada. Aunque por ser ya mínima la hechura del mapa familiar, siendo cada vez menos visibles las animitas en las capillas particulares, el reducto será la palabra de la memoria. En estas circunstancias la tumba del familiar será el día de muertos el reflejo material de las animitas, porque la familia, mientras exista espacio, en panteón será enterrado un familiar al lado de otro, generando en un sitio a la exaltación genealógica, siendo la tumba su casa funeraria y será en estos hogares y sus capillas donde se transmita la historia de genio y figura del cual se proviene. Sea las ánimas o el panteón, ahí está el santa santorum que se esconde en el templo, la capilla tiene la forma de una casa porque es el hogar de las ánimas, otra vez aparece el sentido de la capilla dirigido al recinto mortuorio. La eternidad de la habitación es verdadero hogar, la familia se reintegra con los ancestros que le determinaron una vida que se recrea ilimitadamente en los nuevos miembros. Los muertos dan vida con la emancipación de un desorden el orden de una existencia que desentraña cada instante la forma de alcanzar la utopía otomí del semidesierto.

La capilla es memoria, es particular y/o familiar en tanto estén los familiares fotografiados con óleo en las animitas. Lo particular es de todos como los santos que cualquiera puede visitar y no todos visitan a los parientes inmaculados debajo de un Cristo crucificado. El espacio de culto a los Santos pueden suceder a las animas fundadoras de la familia, de una primera casa que crece con la familia, es un centro que instaura el linaje y el espacio de memoria, es el culto a los antepasados que santificados por el cura son llevados a convertirlos en divinidades fundadoras que dejaron aquí un conocimiento, un desenvolvimiento humano que perdura en la costumbre y en la tradición, impregnaron con identidad varias hojas blancas con enseñanzas y experiencias. Su universo cultural se consuma, la muerte llena de significados la sustancia vivencial de los vivientes.

Los muertos no han muerto, perduran en vida iconográfica, en tumba, son ellos los que enseñaron por eso son los héroes míticos, su vida fue un sacrificio con el cual dieron la continuidad de vida de un pueblo, con sus expresiones marcaron un pool genético y las características somatológicas para desarrollarse y tener una manera de ver al mundo por medio de las tradiciones. No se olvida a la familia porque dejarlos en el mundo de los muertos es negarle su vida en la de los vivos, es acabar con un inconsciente colectivo; por tales razones se les construyen sus casas, su capilla de indios, en donde se los elevan al cielo para instaurar un templo que lleva por nombre capilla.

 

Los sueños de la magia

Los habitantes de esta micro región de Sombrerete le dan un valor a los símbolos oníricos que aparecen durante el sueño, por ejemplo, soñar con víboras significa que en el pueblo hay chismes sobre la persona que las sueña, dependiendo de la cantidad de estos reptiles será la calidad del chisme; soñar con coyotes es señal de una traición. El sueño es el medio de comunicación mística con los santos brindando una experiencia religiosa a los individuos que mantienen este tipo de contacto.

A las imágenes les gusta ser mimadas, apapachadas, un descuido serio del encargado de la capilla familiar basta para que lo castigue y se le aparezca en sueños tal es el caso de Doña Chole. Ella pensaba llevar la imagen a la iglesia de Sombrerete porque no podía cuidarla. Un día antes de llevarla, soñó que la Virgen de Santa Gertrudis se le apareció, le habló con voz de niña y al despertar no se podía mover, el estómago lo tenía inflamado, yo sentía que se reventaba. Ya será la muerte que ya me está llevando, eso pensaba. Era tanto su molestar físico y su preocupación que reflexionó que, si a la Virgen le gustaba el lugar y la atención que ella le brindaba entonces que se quedara en su lugar, se lo hizo saber a la Virgen con sus pensamientos y el malestar empezó aminorar hasta que se restableció del todo. Sobre aviso no hay engaño y la Virgen de los Dolores se aparece en sueños al Mayor de la capilla cuando no la censa, si no lo hace en los días siguientes pueden acaecerle algún mal. Otro testimonio refiere al Mayor de la capilla del Cristo que sufre las angustias de su desidia a la imagen, soñando que lo persiguen los toros que tiene el Cristo en su altar. Lo onírico cobra una vivencia sublime que debe ser tomada en cuenta porque las representaciones de los templos étnicos son igual de sensibles como las ánimas y la Santa patrona.

Los templos étnicos son más complejos que un simple lugar de culto a imágenes cristianas y una celebración a la memoria porque también es un sitio y momento donde la intranquilidad espiritual encuentra el sopor de la serenidad en el individuo. En es un catalizador de emociones que se dan a través de rituales mágicos que como tales Al funcionar como mecanismos compensatorios los ritos mágicos ejercen una disciplina sobre el cuerpo y la mente; constituyen un instrumento humano que transforma las flaquezas psicológicas en fuerzas emotivas. (DIAZ:1998:120). Siendo para aquellos individuos que no pueden acabar con los demonios personales, donde los consejos no son de gran ayuda para encontrar el orden perdido, van a estos templos con una veladora y pide al encargado de la capilla para que le de una limpia. El vigilante de la capilla se hace intercesor de la persona, toma el sahumerio y utiliza la fuerza de la voz para recitar rezos cristianos invocando que interceda la imagen porque: Si bien la fuerza de la magia reside en el poder de los conjuros, este poder sólo es demostrable y se activa en el contexto más amplios en los rituales en que aquellos son pronunciados... (Op. Cit.127). Los rezos se dan cuando la veladora se pasa por el cuerpo de tal modo que el del problema es limpiado de sus impurezas. Al salir el individuo sale renovado, tranquilo porque una potestad lo protege y una veladora con la que ha sido limpiada se quema a los pies del altar.

 

En el seno de la tierra

Las capillas o templos indígenas por lo general van acompañados por una pequeña construcción en forma de nicho abovedado, base cuadrangular y con una cruz en su cúspide que se ubica frente a las puertas de la capilla. A estos nichos se le ha dado el nombre de calvario, en otros lugares de origen otomí como en Suchitlán ubicado en el municipio de Villagrán, Guanajuato, le nombran medianía; y en la Mesa de los Rodríguez del estado de Querétaro, les llaman templos. La parte frontal de este elemento arquitectónico tiene una abertura viendo hacia el altar, la cual, contiene en su interior cruces de madera que representan a las animas fundadoras que dicen están enterradas ahí. En la Mesa de los Rodríguez, solían construirse en honor del familiar nuclear fallecido en el lugar donde se ubicaba la casa del difunto y el hogar se desplazaba a un sitio cercano. Hoy día, en varios terrenos familiares aún se observan varias de estas construcciones.

Los calvarios son los relicarios donde se hayan enterrados simbólicamente los antepasados que suelen ser de familiares o bien los fundadores de la comunidad. El hecho de que los calvarios sean relicarios, se debe a que Se complacen en utilizar el simbolismo dinámico de paso de lo terrestre a lo celestial. (Champeaux 1989:184).  Estos elementos pueden dividirse en dos tipos: los familiares y los comunales dedicadas a los fundadores del pueblo; los primeros se asientan junto a las capillas particulares y los segundos frente a la iglesia principal o como en el caso de Sombrerete en el panteón o pozos de agua. Posiblemente el establecer que ahí se ubican enterrados los ancestros. No significa que sus restos perennes se encuentren en este lugar, sino que se tiene conocimiento que en el calvario familiar al fallecer un miembro de la familia se coloca una cruz que es la representación de la persona y en Sombrerete por carecerse de calvarios familiares, se pone una veladora en el calvario del panteón al sepultar un difunto. Tal vez la utilización de una veladora contenga en esencia el mismo sentido ritual.

Las ánimas familiares o fundadoras efectivamente están ahí reemplazados sus cuerpos por cruces en el seno de la tierra, que es lo que muestra la forma misma del calvario, que simula una matriz en la cual se adentra para participar de otra vida sin morir. Es la representación de una tumba que regenera una nueva dimensión a los difuntos, ya que ...la vida se vive en un doble plano; se desarrolla en cuanto existencia humana y al mismo tiempo, participa de una vida trans-humana la del Cosmos o la de los dioses (Eliade 1992:141). Con esta nueva modalidad de existencia, el macrocosmos del paraíso se plasma en la tierra por la nostalgia, porque cada miembro es parte de un origen en reproducción continua, la pérdida de un familiar es la ruptura de una continuidad vivencial y tratan de encontrar una forma de darles un vínculo en este plano porque:

“La nostalgia de los <<orígenes>> es, pues, una nostalgia religiosa. El hombre desea encontrar la presencia activa de los dioses, desea asimismo vivir en un mundo fresco, puro y <<fuerte>> como salió de las manos del Creador. Es la nostalgia de la perfección de los comienzos...”4.

Perfección que se consuma en la figura trans-humana del ánima, sea familiar o comunal ambas instauraron y fundaron un espacio terrenal salgrado. Las ánimas reiteran, se materializan en un monumento reafirmando los valores contenidos en los modelos religiosos que deben enseñarse y reproducirse en los hijos de sus hijos. Los difuntos en forma de difuntos se van sin olvidar el presente que se eleva al futuro de un nuevo florecimiento como lo hicieron los fundadores en una manera de ser, en pocas palabras se efectúa el encuentro y reencuentro eterno con la historia en la que participan vivos y muertos, así en la tierra como en el cielo.

En Sombrerete los calvarios, medianías o templos son pocos, solo existen tres que son de tipo comunal que se ubican en el área de la comunidad de Sombrerete: uno en una peña, otro cercano al pozo y uno tercero en el panteón. En la comunidad de La Laja en donde había una capilla que se quemó, quedó solo como vestigio un calvario que está en desuso. Los calvarios familiares no existen en las capillas de aquí.

Los calvarios de la peña, del pozo y del panteón se utilizan en dos momentos: en las fiestas de carnaval, en la cual, en un día de la fiesta de carnaval los cargueros van en peregrinaje a estos lugares para desmontar sus cruces, bajarlas al templo y decorarlas con bastones de sotol, luego son subidas y colocadas en su lugar. Posteriormente son quitadas y decoradas en el lugar ese mismo día por los cargueros que van a tomar cargo y las llevan de regreso al templo. La cruz del calvario del panteón por no poderse quitar solamente es decorada. Días antes al 3 de mayo los cargueros hacen otra peregrinación para quitar las cruces, bajarlas, decorarlas y subirlas el tercer día del mes de mayo. Por su uso, recuerda aquellas peregrinaciones de la Edad Media a Tierras Santas y por contener los calvarios en sus entrañas a las ánimas estamos ante una forma de Santuarios porque es un “Templo en que se venera la imagen o la reliquia de un Santo de especial devoción”. Como son los fundadores del pueblo en el calvario del panteón en el que se reafirma la historia del origen, por eso la cruz es decorada, dice doña Alicia: Se arregla el descanso para decirle a los antepasados que las tradiciones no se han olvidado; de esa manera: “Sólo se reconoce verdaderamente hombre en la medida en que imita a los dioses, a los Héroes civilizadores o a los antepasados míticos.” (Eliade 1994:88) La misma enciclopedia nos dice que el sentido figurado de reliquia es:

“Tesoros de dinero o de objetos preciosos que se guarda en un lugar” y que más tesoro, que más objeto precioso que la historia vuelta anima que protege la mayor de las riquezas de estas tierras como lo es el agua, a ellas se les visita en los calvarios del pozo y de la peña porque son los que cuidan los veneros. A ellas se les pide porque “...el gran Dios celeste, el ser supremo, creador y todopoderoso, no desempeña más que un papel insignificante en la vida religiosa de la tribu.”5

Debido a que en este momento es suplido por las ánimas que intercederán por ellos para recibir el agua, del agua la cosecha y de ella una alimentación diaria, el sustento de su progenie, el significado de su existir. En estos Santuarios los vivos piden que no sean olvidados como ellos no olvidan a sus antepasados.

 

Conclusión

El territorio sagrado es más que el centro universal que conecta el arriba con el abajo, eso tan sólo marca el espacio y no explica el paisaje que sustenta la vida religiosa de un grupo. Únicamente se han explicado sus características y no la proyección de los símbolos sagrados en el hacer humano, lo divino es dinámico, porque: Si las sociedades, para instituir el poder o la religión, tienen necesidad de objetos, ello no se debe simplemente a que los objetos sirvan para marcar, para señalizar, para imitar y para limitar... (Augé 1998:34); por lo tanto el paisaje sacro sostiene algo más profundo que un simple marcaje a un lugar donde se comunican las divinidades y los seres humanos por medio de hierofanías, debido a que

...lo sacro entraña un sentido de obligación intrínseca, no sólo alienta la devoción sino que la exige, no sólo suscita asentamiento intelectual sino que impone entrega emocional. (Geertz 1992:118). Lo sagrado envuelve un contenido social y hace que el territorio sagrado no se defina solamente por los lugares que momentáneamente se utilizan, ni por el vaivén de la fe a esos lugares; su significación se determina por su expresión o evocación santa o numénica que se da a través del rito por ser la acción guía del cómo se ejecuta el actuar sagrado en un grupo determinado.

Visto así el espacio, se desenvuelve la relación entre lo inmanente y lo trascendente, es decir, la proyección de lo sagrado en el vivir y el pensar produce la territorialidad, que verbaliza esos marcajes. Es por ello que deben conocerse los distintos espacios en donde se da la manifestación social de lo sagrado, de esta forma se podrá concretar la comprensión del paisaje, porque:

“Para que existan paisajes deben existir una serie de elementos objetivos que los compongan, pero sobre todo es necesario que alguien los perciba, los viva y les otorgue un significado. Desde esta perspectiva las unidades del paisaje se establecen en base a los factores que se consideran como definitorios del paisaje, es decir, depende de las formas de ver y de interpretar.”6 (Álvarez, 2011:69)

Que no es otra cosa que la articulación de la hierofanía con el hombre, la expresión sagrada y el hombre dinamizados. Hasta ese momento podremos decir que se da la verdadera verbalización de lo sagrado; además debe establecerse que cada grupo cultural con sus ritos, marca la individualidad del territorio, el sentido de unión del individuo con las divinidades, la sociedad y consigo mismo; que enseña una forma del recorrido del ciclo solar, la vida y la muerte que los fundamente, porque el arriba y el abajo es un lugar en el cual se realiza la existencia, la vivencia religiosa de un pueblo otomí.

1               GONZÁLEZ, Ochoa César. A lo visible por lo invisible. Ed. Universidad Nacional Autónoma de México. México 1995, pp.77-78.

2               ECO, Umberto y Martini, Carlo María. ¿En qué creen los que no creen? 1997, p. 40

3               AUGÉ, Marc. Dios como objeto. Ed. Gedisa. ed.2ª. Serie Cla-De-Ma. Col. Hombre y sociedad. España, 1998, p.31.

4               ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Ed. Labor. ed. 9ª. Col. Labor No. 21. Colombia, 1994, p. 82.

5               ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Ed. Labor. ed. 9ª. Col. Labor No. 21. Colombia, 1994, p. 107.

6               Álvarez Muñárriz, Luis ., (2011), «LA CATEGORÍA DE PAISAJE CULTURAL”. AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, vol. 6, núm.1, pp.57-80 [Consultado: 26 de Octubre de 2022]. ISSN: 1695-9752. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=62321332004

 

Referencias

Álvarez, M. L. (2011). La categoría de paisaje cultural. AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, vol. 6, núm.1, pp.57-80 [Consultado:

26 de Octubre de 2022]. Disponible en: https://www.redalyc.org/ articulo.oa?id=62321332004

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